dilluns, 30 d’abril de 2007

Singularidad y turismo.

La política turística ha de fomentar la transición de un modelo basado en productos estándar a un modelo apoyado en elementos singulares. En un mundo donde prima la economía global la identidad es la mejor brújula para transitarlo.
La mayor singularidad que tienen las Illes Balears es su maravillosa belleza, su patrimonio natural y cultural, y su paisaje. En este sentido no es lógico que procedamos a cambiar belleza natural por un abuso del ladrillo y del cemento y por infraestructuras propias de territorios continentales y no de unas islas con un paisaje frágil y un territorio limitado. Tampoco lo es recurrir a productos estándar que el cliente puede encontrar en cualquier otro lugar.
La singularidad precisa creatividad, innovación, mejora de zonas y servicios, capital riesgo (público y privado) y know how.
Es necesario, también, el fomento de emprendedores, la preparación de especialistas, y el apoyo al desarrollo y comercialización de productos específicos. En ésta línea hay que trabajar el turismo de ciudad, la cultura en su acepción más amplia, la naturaleza, el deporte, el turismo social etc.
Nuestra agricultura y ganadería ofrece también un paisaje especial y forma parte importante de la singular cultura de nuestro territorio.
A todo ello hay que añadir que todos los servicios que permiten mayor calidad de vida a los residentes a la vez proporcionan mejor estancia a los turistas y nos hacen singulares respecto de otros destinos.
En definitiva, la importante influencia económico-social del turismo, en todas partes y más en un país turístico como les Illes Balears, necesita de acciones transversales y planificadas a medio y largo plazo, y no de visiones a corto y aisladas.